A fines del año pasado, la Asamblea Nacional de Venezuela, controlada por la oposición, votó a favor de disolver el “gobierno interino” encabezado por Juan Guaidó, un proyecto de cuatro años diseñado para sustituir al gobernante del país, Nicolás Maduro. Este voto se produce en medio de un panorama regional cambiante, con gobiernos de izquierda recién elegidos en los vecinos Brasil y Colombia que apoyan una solución negociada al conflicto y un enfoque más moderado por parte de muchos de los aliados tradicionales en el exterior de la oposición. La clave para el progreso en el próximo año será mantener negociaciones consistentes, que siguen siendo el lugar más eficiente para tomar decisiones clave, como sobre el futuro de las elecciones y la relación entre el chavismo y la oposición. Hay varias formas clave de ayudar a nutrir y sostener estas conversaciones, así como parta hacerlas más efectivas en pro de lograr mejoras a corto plazo en la vida de los venezolanos.

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El presidente colombiano, Gustavo Petro, visitó al presidente venezolano, Nicolás Maduro, en Venezuela, el 1 de noviembre de 2022. Los gobiernos de izquierda recién elegidos en Brasil y Colombia apoyan una solución negociada al conflicto de Venezuela. (Federico Ríos/The New York Times)
Gustavo Petro visitó Nicolás Maduro en Venezuela, el 1 de noviembre de 2022. Los gobiernos de izquierda recién elegidos en Brasil y Colombia apoyan una solución negociada al conflicto de Venezuela. (Federico Ríos/The New York Times)

Un Retorno a las Negociaciones

Luego de una pausa de más de 15 meses, el gobierno de Nicolás Maduro y miembros de la oposición democrática, representados a través de una “Plataforma Unitaria”, regresaron a la Ciudad de México el 26 de noviembre para firmar un acuerdo humanitario y anunciar que se reanudarían las negociaciones políticas. Algunos son escépticos de que las conversaciones duren, otros que resulten en algo concreto. Ambos puntos de vista son razonables dado el largo historial de cinco rondas de conversaciones truncadas e improductivas que se remontan desde 2014.

Poco más de un mes después de que se relanzaran las conversaciones formales, los partidos de oposición de la Asamblea Nacional elegida en 2015, que muchos en Venezuela y en el extranjero reconocen como la última institución democrática que queda en el país, votaron virtualmente para disolver el gobierno interino. (La Asamblea Nacional controlada por la oposición técnicamente fue reemplazada por una nueva legislatura leal a Maduro después de las elecciones de 2020, que carecen por su parte de legitimidad). El gobierno interino se estableció en enero de 2019 utilizando una disposición constitucional que le permite al presidente de la Asamblea Nacional tomar las riendas del poder cuando hay un vacío en la legitimidad del gobierno.

El gobierno interino fue una apuesta desde el comienzo, establecido para realinear a las instituciones políticas, civiles y de seguridad que son la base de poder del país y desplazar al gobierno de Maduro. Desde un máximo del 85 por ciento en los primeros días “de frenesí” de 2019, el apoyo del gobierno alterno ahora está dentro de los dos dígitos bajos debido al fracaso de la apuesta para destituir a Maduro. Al acordar no extender más el gobierno interino, la asamblea estableció una comisión para supervisar los activos del país en el extranjero, impidiendo el acceso de Maduro a estos recursos.

La percepción internacional del gobierno interino se ha sincronizado en general con la de Venezuela, con un apoyo que disminuyó de 60 países a mediados de 2019 a solo seis a fines de año, incluyendo a los Estados Unidos. Los funcionarios estadounidenses inicialmente expresaron su cautela acerca de la idea de abandonar el gobierno interino, pero desde entonces han aclarado que aceptan la voluntad de la oposición y apoyarán su nuevo enfoque, que le permite a la oposición volver a desafiar al gobierno sin el peso de tratar de gobernar sin recursos ni poderes reales. Hay otros cambios significativos en el entorno internacional, ya que los países vecinos de Colombia y Brasil están normalizando las relaciones con el régimen de Maduro y otros actores regionales expresan de manera similar su apoyo a un nuevo enfoque.

Estos diversos cambios no dejan a ninguna de las partes con mucho apoyo popular y con necesidades que pueden satisfacerse de mejor manera con negociaciones sostenidas y serias, incluso si el partido de gobierno es el que tiene la ventaja en una dinámica asimétrica.

Aquí hay seis formas de ayudar a mantener las negociaciones durante el año.

1. Mantener las sanciones estadounidenses en juego como herramienta de negociación.

Desde el principio, las negociaciones venezolanas se han enfrentado al desafío de hacer valer productivamente la única influencia real que la oposición tiene sobre el régimen de Maduro: el levantamiento de las sanciones de Estados Unidos. Emplear el alivio de las sanciones como herramienta suele ser difícil debido a las críticas internas en los EE. UU., que perciben el levantamiento de las sanciones como la victoria de un dictador. Pero para que las conversaciones continúen y, en última instancia, den frutos, los legisladores estadounidenses deberán continuar ofreciendo un alivio en las sanciones, siempre en coordinación con la oposición democrática venezolana y en respuesta a los pasos genuinos del gobierno para abrir un espacio político, al mismo tiempo evitando que las negociaciones se transformen en un diálogo directo entre Estados Unidos y el régimen de Maduro.

Además, los Estados Unidos deberían comenzar a pensar en cómo restaurar una relación con el gobierno de Maduro, que muchos familiares con las dinámicas de régimen creen que quiere tanto como el alivio de las sanciones. La ruptura de las relaciones diplomáticas en 2019 como parte de la decisión de elevar a la oposición al estatus de gobernante fue una medida audaz, pero solo tuvo sentido cuando existía la posibilidad que el gobierno interino pudiese desplazar al régimen gobernante y gobernar. Ese punto pasó hace mucho tiempo, dejando que la política de no reconocimiento cause posiblemente más daño a los Estados Unidos y sus aliados democráticos que al propio régimen. El restablecimiento de alguna forma de relaciones diplomáticas requeriría voluntad política y creatividad legal en Washington. Pero es un paso que la mayoría de los demás países ya han dado y podría ayudar a avanzar en otras áreas de las relaciones bilaterales, como la migración, además de facilitar el apoyo a los actores democráticos dentro de Venezuela y las negociaciones mismas.

2. Ampliar la representación en las conversaciones.

Una de las áreas que podría limitar el progreso de las conversaciones y, en última instancia, reducir el apoyo popular a sus resultados es la falta de una amplia inclusión de otros partidos políticos, grupos de derechos humanos y víctimas, y la sociedad civil en general. Ha habido varios esfuerzos para aumentar la participación, en particular el Memorando de Entendimiento firmado en agosto de 2021 que incluía una disposición para establecer “mecanismos de consulta con otros actores políticos y sociales”.

Hay una serie de medios probados para ampliar la participación en los procesos de negociación, incluyendo el envío de grupos para escuchar a los ciudadanos en diferentes partes del país, la creación de una "segunda mesa" para la sociedad civil que esté disponible fuera de la sala de negociación para comentar y aportar asesoramiento técnico y nuevas ideas al equipo negociador, y delegar de miembros de la sociedad civil a los órganos ejecutores de los acuerdos parciales. Entre los actores que podrían incorporarse a través de estos medios se encuentran los partidos políticos democráticos más nuevos que tuvieron una buena actuación en las elecciones a la alcaldía de 2021, las organizaciones de derechos humanos y de víctimas, las asociaciones de la sociedad civil, las comunidades empresariales, así como las religiosas.

3. Comunicarse de manera más efectiva.

Los datos de las encuestas en Venezuela muestran consistentemente el apoyo a una solución negociada del conflicto, pero al mismo tiempo el escepticismo en que algunas negociaciones tengan éxito. Aun si hay progreso en las conversaciones, actualmente no existe un mecanismo claro para que la oposición lo transmita. El régimen tiene a su disposición un mecanismo masivo de comunicación públicos y lo usa con cierta efectividad para vender la idea que las negociaciones demuestran su legitimidad frente a la comunidad internacional, así como para buscar mostrar la incapacidad de sus oponentes para servirle al pueblo venezolano. La oposición necesita una estrategia de comunicaciones más ágil y completa tanto a nivel nacional como con la comunidad internacional para transmitir los logros y desafíos del proceso de negociación y lo que se puede lograr con su continuación.

El mensaje debe estar relacionado con cualquier acuerdo que mejore la vida de los venezolanos. Una encuesta reciente de Delphos muestra que el 36 % de los venezolanos cree que la situación en el país está mejorando, con los dos principales objetivos preferidos de las negociaciones siendo mejorar la economía (57 %) y medidas para permitir la entrada de asistencia humanitaria (17 %) al país. Un proceso de negociación que produce pequeñas ganancias en la vida cotidiana generará un apoyo mucho mayor que uno establecido solo para proveer un espacio a los políticos para que participen en un combate político existencial.

4. Mantener el enfasis en las necesidades del pueblo venezolano.

Un tema de negociación que puede mejorar la situación humanitaria del país es desbloquear los activos de Venezuela en el exterior. Ha habido un acuerdo tentativo sobre cómo avanzar en esto, pero requerirá un esfuerzo sostenido, el compromiso de las dos partes y un impulso fuerte y constante de la comunidad internacional para dar sus frutos.

En el primer día de la reanudación de las conversaciones públicas en México, las partes firmaron un acuerdo para desbloquear más de 3 mil millones de dólares en activos venezolanos en el exterior que serán administrados por la ONU en un fondo que financiará proyectos humanitarios en salud, electricidad, seguridad alimentaria, educación y adaptación al cambio climático. Estos proyectos prioritarios serán definidos por una “Mesa de Atención Social” compuesta por tres representantes de cada parte, con la oportunidad de convocar expertos y la sociedad civil sobre una base ad hoc para consultas.

El acuerdo también crea dos órganos subsidiarios a la “Mesa de Negociación y Diálogo” general: una comisión de verificación y un grupo de “sobrecumplimiento”. La comisión de verificación estará compuesta por cinco representantes de cada una de las partes y un representante de Noruega. Esta comisión durará lo que sea necesario para que los proyectos humanitarios se implementen por completo y seguirá funcionando aun si las negociaciones se suspenden o terminan antes de ese hito. El grupo de “sobrecumplimiento” es un organismo creado por las partes para identificar y estudiar los efectos de las sanciones internacionales sobre los activos venezolanos en el exterior.

5. Forjar la unidad opositora a través de primarias competitivas.

La oposición democrática ha hecho un esfuerzo concertado para mantener la unidad en medio de los cambiantes entornos políticos e internacionales. El éxito en las negociaciones requerirá que forjen una unidad más profunda en el próximo año, aprovechando el espacio democrático que tienen para celebrar unas elecciones primarias que resulten en un candidato de unidad para las elecciones presidenciales de 2024, quien pueda también liderar el proceso de negociaciones y servir como interlocutor frente a la comunidad internacional. El perfil del líder que emerja de las primarias también señalará el enfoque de la oposición en las negociaciones y elecciones. La comunidad internacional puede hacer mucho para apoyar la planificación y el diseño de las elecciones primarias de la oposición venezolana.

6. Alistar a los nuevos gobiernos de la región.

Muchos países de América Latina apoyaron la campaña de máxima presión de la administración Trump, pero el fracaso de ese esfuerzo y la elección de gobiernos de izquierda en toda la región ha producido un giro a favor de una salida negociada al conflicto. Los gobiernos de Brasil, Colombia, Chile y otros podrían formar un nuevo grupo de amigos y guiar al régimen de Maduro en la dirección de una política de izquierda competitiva y lejos del autoritarismo revolucionario. Los países clave de Europa también podrían ayudar a promover la reconciliación entre las dos partes. Brasil y Colombia tendrán una influencia especial dada su frontera compartida y su interdependencia socioeconómica con Venezuela.

Un ejercicio de paciencia

La crisis de Venezuela ha sido el resultado de dos décadas de represión gubernamental, proyectos económicos mesiánicos fallidos y rencor que han llegado a definir la política del país. Salir del pantano llevará años y se logrará gradualmente, no en un solo período de 48 horas como muchos esperaban en los últimos cuatro años. El pueblo venezolano de forma casi universal quiere un cambio, pero prefiere que sea en las urnas, no a través del cañón de una pistola. A pesar de toda la tragedia que han vivido estas décadas, siguen creyendo en su capacidad para producir cambios democráticos. Con paciencia, hábil diplomacia y una combinación de presión e incentivos, la comunidad internacional que apoya el retorno democrático en el país puede impulsar las negociaciones en una dirección positiva, ayudando a crear las condiciones para la convivencia democrática entre los venezolanos.


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